La Ciudad de Cristal es el primer libro de la Trilogía de Nueva York, la novela que consagró a Paul Auster como el escritor norteamericano más importante de los ochenta. En una suerte de sátira a las novelas policiales, Auster se sumerge en el tema de la existencia y la palabra.
La misión de su improvisado detective descubrir la íntima relación entre ellas, develar el rol creador de la palabra.
Al decir "silla", junto con significar un objeto concreto, se están creando mil sillas, todas sus combinaciones, todas igualmente posibles; es por ello que el poder de intelegir el mundo y de transformarle en lenguaje es uno con el poder de crear. Es el sentido que tiene el "Verbo" en la tradición cristiana. El Verbo es el potencial de acción. Toda acción es posible desde el instante en que puede pronunciarse. El don de la palabra es, por lo tanto, el don de crear mundos. Es el rol creacionista del poeta del que nos hablaba Huidobro: "no cantéis la rosa, hacedla florecer en el poema".
Para Auster es urgente volver nuestra atención al lenguaje. El mundo se agota ante nosotros, la realidad se extingue en manos de la ciencia y la globalización. Hemos puesto todo el interés
en la comprensión, en la exégesis del mundo y olvidado por completo la metáfora, los matices, los mundos que habitan en el mundo.
La preocupación por el lenguaje se transforma en la novela en una obsesión: la descomunal tarea de hallar el nombre correcto, la palabra original y verdadera, las expresiones que describan completamente a una sociedad en colapso. Al punto que la misma novela comienza
rápidamente a descontruirse, hasta no ser más que un cuarto vacío, un gran "suelo de madera y cuatro paredes blancas".
Y entonces la última palabra, la defintiva, la que cambiará el curso de la historia queda por pronunciarse en la boca del lector.
"¿Hasta qué punto toleraría la gente las blasfemias si le
proporcionaban diversión? La respuesta es evidente, ¿no? Hasta
cualquier punto. La prueba es que todavía leemos el libro"








0 invitados opinan:
Publicar un comentario en la entrada